ARTÍCULOS DE OPINIÓN SOBRE EMPRESA Y EMPRENDIMIENTO

Daniel Bartolomé Navas, Profesor de Protocolo ISSA de la Universidad de Navarra

"Coffee-break Covid-free"

27/08/20 Publicado en Expansión

A todas y todos nos gusta el café. Sus aromáticos efluvios son una llamada a un día nuevo, al descanso, a la amistad, el corolario a un almuerzo distendido… La sociedad actual depende tanto del néctar de este fosco grano que su ausencia bien podría haber sido la causa de la ceguera de los personajes de la famosa novela del Nobel José Saramago o que la Revolución francesa hubiera tenido que buscar, en otro asiduo espacio de reunión -y no en el Café Procope de París-, un altar votivo temporal donde reverenciar el ataúd de Marat.

El café forma parte tan indispensable de nuestra cultura social y tan unidos estamos a esta “pócima de vitalidad” que, por merecida valía, bien podría usurparle el título de la “chispa de la vida” a esa otra también mundialmente famosa bebida de refrescos. De hecho, merecería un estudio conocer la vinculación del café con el encendido de las ideas de la Ilustración.

Pero la grandeza del café no sólo está en sus propiedades, sino que en sí mismo ha sido capaz de generar un espacio y concepto social propio que pocos alimentos o bebidas han conseguido -a excepción del tea time y/o tea break para el mundo anglosajón-. La pausa-café o coffee-break forma incuestionablemente parte inherente de nuestro léxico y entorno laboral gracias a la bendita exigencia de las trabajadoras de las fábricas que, durante la Segunda Guerra Mundial, reivindicaron su legítimo derecho a estas necesarias pausas con café para seguir trabajando con la misma intensidad.

Desde entonces el café se ha vinculado con la productividad y del entorno fabril a las oficinas y de las oficinas a los eventos, en toda forma de reunión, simposio, conferencia…, que se desarrolle antes de las 17h de la tarde y tenga una cierta duración, el café ofrecido por la organización brinda descanso y abre un amable espacio de interacción entre compañeros, participantes y ponentes que rompe el silencio y la formalidad que requieren estas asambleas. Suelen ser 20 minutos, aproximadamente, que se convierten en oportunidad de encuentro y de networking, tierra fértil para abrir caminos de futuro.

Todo habla en un evento sobre la organización. La modernidad y amplitud de sus espacios, la calidad de sus ponentes, la amabilidad y disponibilidad del personal organizador… y la calidad y cantidad de los productos ofrecidos en este coffee-break -por nimio que a alguien le pueda parecer este detalle- también forman parte de la imagen global de la organización hacia clientes externos e internos. Poner la atención y la inversión en servir un café de calidad, así como un generoso número de apetitosos acompañantes, es una pequeña batalla sensorial ganada en la estrategia por una buena percepción reputacional. No olvidemos que el secreto del éxito se basa en los pequeños detalles.

El Covid-19 ha puesto en jaque estas reuniones profesionales, y muchas organizaciones están encontrando en el espacio telemático el hábitat seguro donde seguir convocando a los individuos alrededor de cafés virtuales. Sin embargo, respetando las medidas sanitarias, podemos seguir recurriendo a las convocatorias presenciales -con limitación de personas- y a estos provechosos coffee-break.

En este sentido, la organización tiene que asumir, a partir de ahora, una doble misión. Por un lado, debe velar escrupulosamente por el control de esta seguridad habilitando espacios amplios y ventilados donde se desarrolle la pausa-café y exigir el cumplimiento íntegro de las medidas sanitarias e higiénicas en la logística y servicio a la empresa de catering que lo sirva. Por otro, tiene que asumir una función pedagógica y saber explicar y trasladar a los asistentes el mensaje de que el acto en cuestión cumple con todas la medidas asépticas requeridas en el desarrollo total de su programa.

En un marco de exigencia de certificaciones como garantía auditada de buen servicio, responsabilidad y fiabilidad institucional, el label de la seguridad sanitaria frente al coronavirus se ha incorporado como nuevo elemento integrador de la imagen global de las organizaciones. Aunque más que una opción es una obligación, a partir de esta pandemia, toda institución que quiera afianzar su buena reputación o mantener la confianza de la opinión pública, debe tener muy presente que un protocolo “ISO Covid free” no sólo es necesario como prevención de riesgo de sus trabajadores y públicos, sino que se ha convertido en una nueva exigencia reputacional con la que la sociedad también nos va a baremar.

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