ARTÍCULOS DE OPINIÓN SOBRE CULTURA Y ARTE

Ricardo Fernández Gracia, Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

En su tierra, en su casa y con Inés. Faustino Menéndez Pidal in memoriam

22/08/19 Publicado en Diario de Navarra

No voy a valorar en estas breves líneas al prestigioso historiador y académico de proyección internacional, especialmente por sus estudios de heráldica y sigilografía, ni las grandes aportaciones de sus publicaciones metodológicamente impecables, ni sus muchísimas y merecidas distinciones. Hoy, el corazón del amigo invita a destacar algunos de los rasgos de su persona que son y serán referentes para quienes se dedican a la historia y a la valoración y contextualización de los bienes culturales. 

En la madrugada del día 21 de agosto, en el centro de la villa de Cintruénigo, a la vera de un frondoso pino centenario, dentro de unos muros que saben mucho de historia, por haber sido testigos privilegiados de la misma y junto al oratorio de la casa hidalga de los Navascués, presidido por la Purísima -como no podía ser de otro modo en la localidad- nos ha dejado don Faustino, en su amada tierra y en su querida y mimada casa, tras una vida plena en lo personal y lo académico, junto a Inés, su querida Inés, una mulier fortis, casi como las de la Biblia, que le ha acompañado y sustentado en su proyecto vital.

En esa casa, junto a su biblioteca y jardín, hemos recordado muchas veces el aforismo ciceroniano que recuerda al humanista la felicidad que proporcionan ambos elementos: Si apud bibliothecam, hortulum habes, nihil deerit. En aquel ambiente, bajo los soportales de ladrillo y al son del canto de un sinnúmero de pájaros, siempre resultó gratificante y edificante atender sus lecciones y apreciaciones al reencontrarse con el pasado, junto a documentos y objetos a los que hacía hablar con sus comentarios. La última vez que los escuchamos, junto a Pablo, Benoit y Claire, tres profesores universitarios, fue hace apenas dos semanas, con la fluidez de siempre y las fuerzas ligeramente mermadas.

De su persona me gustaría destacar su humildad y su constancia. Respecto a la primera, siempre fue consciente de que une a las personas, mientras el orgullo las divide. Diríase que se gobernaba con San Francisco de Sales, que hacía hincapié en la humildad y la dulzura de corazón, pero siempre con preeminencia de la primera.

A través de la perseverancia, la diligencia y el trabajo diario, don Faustino logró la excelencia, de la que tanto se habla hoy en diferentes ámbitos, a veces sin saber que consiste en la superior calidad, que hace digno de aprecio y reconocimiento a una persona, una institución, un trabajo o un proyecto. Según Aristóteles “no es suficiente el conocerla, debemos tratar de tenerla y usarla”, aunque en muchas ocasiones, como recuerda Goethe, “es difícil de encontrar, pero más difícil de valorar”

Don Faustino ha sido un enamorado de la historia, a la que se aplicó “sine ira et studio”, contemplada no como un pasado-carga del que hay que desprenderse totalmente, sino como recurso de un pasado-faro, que da perspectiva, orienta y señala el camino, de modo que nuestra relación con la misma y, de modo especial, con las ideas y las personas que superaron sus contextos, se conviertan en resortes morales.

Quienes le tratamos de cerca, hemos tenido la oportunidad de percibir asimismo su delicadeza, refinamiento, capacidad de escuchar y disposición para ayudar. El centenario reloj de sol de la casa cirbonera, diseñado por Francisco del Plo, parecía recordar en todo momento la máxima latina que afirma “Amicis quaelibet hora” (para los amigos, cualquier hora). 

Son momentos éstos para la gratitud hacia un hombre eminente y sencillo, particularmente desde esta Navarra, a la que tantos desvelos dedicó. Agradecimiento, que glosaremos con un pensamiento comentado con él e Inés en numerosas ocasiones y cuyo autor es el obispo-virrey don Juan de Palafox, también tesorero de la catedral de Tarazona y abad de Cintruénigo: “Tres cosas me cansan mucho, y la cuarta aborrece mi alma: primera, el pobre soberbio: segunda, el rico avariento: tercera, el magistrado insolente, cuarta, el ingrato a los beneficios”.

Con el agradecimiento por la labor realizada y con una profunda admiración, deseo repetir algo que le expresamos en múltiples ocasiones: ¡Gracias, ab imo pectore, muchas gracias! In amicitia pignus.

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