Dr. Matías Avila, Director del Programa de Hepatología del Cima

El camino para erradicar la hepatitis C

06/10/20 Publicado en Diario de Navarra

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Suecia ha decidido conceder el Premio Nobel en Medicina y Fisiología de este año a los investigadores norteamericanos Harvey J Alter y Charles M Rice, y al británico Michael Houghton por el descubrimiento del virus de la hepatitis C. A diferencia de muchas otras ediciones del Nobel de Medicina la relevancia de este hallazgo requiere pocas explicaciones para los no expertos, pues esta enfermedad inflamatoria hepática es bien conocida en nuestro entorno. Baste indicar que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la hepatitis C afecta alrededor de 140 millones de personas en todo el mundo, aproximadamente un millón en España. El virus de la hepatitis C se transmite con facilidad por contacto con la sangre del paciente infectado. Según la OMS, las principales vias de contagio incluyen el uso de jeringuillas y agujas infectadas, la transmisión venérea (sobre todo en hombres que tienen sexo con hombres), y la transfusión de sangre o hemoderivados no testados. Se estima que cada año mueren alrededor de medio millón de personas a consecuencia de las complicaciones que genera la infección crónica por el virus de la hepatitis C: la cirrosis y el cáncer de hígado.

Pocos ejemplos hay en la historia de la medicina en que la causa de una enfermedad y su tratamiento sean descubiertos en el transcurso de la vida profesional de un científico. El de la hepatitis C es uno de ellos, y las investigaciones de Alter, Rice y Houghton fueron determinantes. A principios de los años 70, en los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de EEUU Harvey Alter buscaba una explicación a casos de hepatitis que ocurrían en pacientes que habían recibido una transfusión de sangre en la que se había descartado la presencia de los ya conocidos virus A y B de la hepatitis. Trabajando con chimpancés, Alter y su equipo descubrieron que la sangre de estos pacientes podía transmitir la enfermedad a los primates, y que el agente infeccioso era de naturaleza vírica, por lo que denominaron a la enfermedad “hepatitis no-A, no-B”. El siguiente paso clave en esta aventura lo dio en los años 80 Michael Houghton desde los laboratorios de la empresa farmaceútica Chiron Corporation. Houghton y sus colaboradores emplearon las incipientes herramientas de la biología molecular para aislar a partir de la sangre de un chimpancé infectado el genoma del virus, compuesto por ácido ribonucléico o ARN, al que denominaron virus de la hepatitis C.  La presencia de anticuerpos frente al virus en el suero de pacientes infectados observada por Houghton sugería fuertemente que éste era el agente causante de la hepatitis C. Sin embargo, en ciencia las suposiciones no bastan. La evidencia final de que el virus de la hepatitis C era el causante de esta enfermedad vino poco después de la mano de Charles M. Rice, virólogo molecular de la universidad de Washington en St. Louis, EEUU. Rice modificó el ARN que constituye el genoma del virus, consiguiendo variantes de este ARN que al ser directamente inyectadas en el hígado de primates resultaban en la aparición de virus en la sange, y en el desarrollo de una hepatitis crónica similar a la observada en los pacientes.

Podemos afirmar sin duda que los hallazgos de los investigadores premiados con el Nobel de Medicina y Fisiología este año han cambiado radicalmente el panorama de una terrible enfermedad. Por una parte, sus descubrimientos llevaron al desarrollo de tests diagnóstico altamente sensibles, que han permitido eliminar la mayoría de los contagios asociados a las transfusiones. Más recientemente, y gracias también al conocimiento generado por los premiados sobre la biología del virus, desde la industria farmacéutica se han podido diseñar fármacos eficaces que permiten la curación de la hepatitis C. Estos antivirales, como el sofosbuvir, están ya disponibles en muchos paises, independientemente de su nivel de desarrollo y capacidad adquisitiva, por lo que se ha dado un paso decisivo en la erradicación completa de la hepatitis C. Finalmente, y a modo de reflexión, la historia del descubrimiento del virus de la hepatitis C ilustra también otros aspectos que en nuestra sociedad actual tienden a ser estigmatizados o poco valorados. Por una parte, estos descubrimientos no hubieran sido posibles sin el uso de animales de experimentación, gracias a ellos ahora se pueden curar personas. Por otra parte, la aplicación de las técnicas de la biología molecular, producto de la denominada “investigación básica” de difícil financiación, fue totalmente esencial para estos hallazgos. Finalmente, recalcar que esta gran historia alcanzó el éxito gracias a la cooperación entre científicos del ámbito académico y de la industria privada. Si este esfuerzo común continúa podremos sin duda ganar más rápido la batalla a la enfermedad.

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