Ana García Osta, Investigadora del Programa de Neurociencias del Cima Universidad de Navarra

Mar Cuadrado, Investigadora del Programa de Neurociencias del Cima Universidad de Navarra

Resiliencia en la enfermedad de Alzheimer

Para avanzar en la búsqueda de un tratamiento eficaz que cure o, al menos, frene el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer es fundamental contar con recursos económicos.
22/09/20 Publicado en Diario de Navarra

El alzhéimer es la forma más común de demencia en edad avanzada. Y es también una de las enfermedades que está presente en los hogares navarros (según el último censo registrado, en Navarra hay más 5.000 personas con diagnóstico confirmado). Debido al aumento de la esperanza de vida de la población su incidencia está aumentando considerablemente. De hecho, como apunta la Organización Mundial de la Salud, cada año se diagnostican 10 millones de casos nuevos en el mundo.

Actualmente no existe ningún tratamiento capaz de prevenir o curar la enfermedad, por eso es preciso insistir en la necesidad urgente de investigar terapias efectivas para tratar la enfermedad o, al menos, frenar su desarrollo.

En los últimos años, se han realizado diversos estudios para identificar los factores que intervienen en el proceso de envejecimiento saludable. Curiosamente, aproximadamente un tercio de las personas mayores de 75 años que fallecen sin haber mostrado signos de demencia presentan en sus cerebros las lesiones típicas de alzhéimer (placas seniles y ovillos neurofibrilares). Esto indica que algunos individuos “escapan” de la enfermedad ya que mantienen su memoria intacta, a pesar de desarrollar en su cerebro signos característicos. Se denominan individuos “resilientes”.

La mayoría de estos estudios concluyen que la "reserva cognitiva" y un determinado estilo de vida (ejercicio, formación académica, actividades socioculturales, dieta...) son posibles factores protectores, responsables de la resistencia a desarrollar la enfermedad. No obstante, en ninguno de estos trabajos se ha prestado atención a los mecanismos moleculares implicados en esta resiliencia. En el Laboratorio de Enfermedad de Alzheimer del Cima Universidad de Navarra estamos profundizando en el estudio de estos factores y hemos comprobado que, como ocurre en humanos, aproximadamente un 20% de los modelos animales de la enfermedad conservan su capacidad de aprendizaje a pesar de presentar una patología severa en sus cerebros.

El estudio de estos animales resilientes nos ha llevado a identificar una nueva posible diana terapéutica para la enfermedad de Alzheimer: la proteína  PLA2G4E. En concreto, los cerebros de los modelos resilientes mostraron unos niveles más elevados de esta enzima que los modelos con problemas de memoria, y similares a los animales sanos. Este hallazgo indicaba que PLA2G4E era uno de los factores protectores que prevenía la pérdida de memoria asociada a la enfermedad de Alzheimer.

Para validar el potencial terapéutico de esta nueva diana generamos un vector viral que se administra mediante terapia génica en las neuronas del hipocampo de nuestros modelos enfermos. El hipocampo es la región del cerebro que se encarga de la adquisición de nuevos recuerdos y es una de las primeras regiones afectada en la enfermedad de Alzhéimer. A los dos meses de la administración del virus terapéutico observamos que, efectivamente, la sobreexpresión de PLA2G4E en las neuronas del hipocampo restauraba la memoria en los animales enfermos que imitaban la enfermedad humana. Estos datos han sido recientemente publicados en la revista “Progress in Neurobiology”, una de las revistas más destacadas en el campo de las neurociencias.

En general, podemos resaltar que identificar los marcadores de resiliencia permite identificar nuevas dianas terapéuticas, fundamental en el contexto actual, en el que los ensayos clínicos para la enfermedad de Alzheimer han fracasado reiteradamente. Además, el análisis de este tipo de marcadores de resiliencia podría ayudar a predecir si un individuo va a desarrollar o no demencia.

La investigación no entiende de fronteras y son muchos los estudios multicéntricos internacionales que están actualmente en marcha, algunos con una aplicación clínica prometedora. Pero para avanzar en la búsqueda de un tratamiento eficaz que cure o, al menos, frene el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer es fundamental contar con recursos económicos. Las instituciones no pueden mirar para otro lado, sino que deben apostar por la inversión en el ámbito biomédico. Una inversión que ayude a retener el talento de nuestros científicos.

Hoy especialmente, Día Mundial del Alzheimer, nuestras miradas están puestas en los pacientes, sus cuidadores y las asociaciones de familiares, que tanta visibilidad dan a las necesidades del enfermo. Ellos son el impulso que nos animan a continuar día a día en nuestra actividad científica y a levantar el ánimo cuando los resultados científicos no salen como estaba previsto. Hacia ellos y hacia tantos donantes (particulares y empresas) que apoyan la investigación de la enfermedad de Alzheimer va nuestro agradecimiento más sincero. Porque sin ciencia no hay futuro.

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