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Dr. Javier Díez, Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) y Clínica Universidad de Navarra, Pamplona

El reto de la insuficiencia cardíaca en España

06/07/17 Publicado en EFE Salud

La insuficiencia cardíaca (IC) es un cuadro clínico caracterizado por el fallo del corazón para suministrarle al resto del organismo la cantidad de sangre necesaria para el normal funcionamiento de todos sus órganos. Como consecuencia de ello, los pacientes con IC presentan de forma súbita o a lo largo de días, semanas o meses un cuadro clínico caracterizado por sensación de dificultad para respirar (disnea), cansancio (astenia)  e hinchazón en los tobillos y las piernas (edemas) entre otros síntomas. A medida que la IC progresa, el riesgo de que se produzcan descompensaciones agudas que requieren ingreso hospitalario urgente aumenta y la calidad de vida de los pacientes se deteriora considerablemente.

En España más del 3% de la población adulta presenta IC, pero esta cifra aumentará en los próximos años debido al envejecimiento de la población y al incremento de la prevalencia de las enfermedades cardiovasculares que dan lugar a IC. En 2014, la IC fue la cuarta causa de muerte en las mujeres y la sexta en los hombres en nuestro país. La IC consume enormes recursos de nuestro sistema sanitario: es la primera causa de hospitalización de mayores de 65 años, da lugar al 3% de todos los ingresos hospitalarios y supone el 2,5% del coste global dedicado a sanidad en España.

Un reto para la sociedad

Los datos anteriores indican que la IC constituye un auténtico reto para nuestra sociedad. Ante este reto tres son las acciones que emprender. En primer lugar, optimizar los recursos sanitarios existentes para disminuir la incidencia de nuevos casos de IC, y para mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes con IC. En segundo lugar, investigar los mecanismos que producen el fallo del corazón para desarrollar nuevos tratamientos de la IC más eficaces y seguros que los actualmente existentes. En tercer lugar, educar a la sociedad  para que se sensibilice ante la magnitud del problema y participe en la búsqueda de las soluciones al mismo.

La disminución de la incidencia de la IC pasa por la prevención de las enfermedades cardiovasculares controlando los factores de riesgo. Si bien en las últimas décadas se han logrado avances notables en el control de la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia y el tabaquismo, aún es mucho lo que queda por hacer para el control de la obesidad y la diabetes, que se asocian de manera creciente con la IC, especialmente con la denominada IC con fracción de eyección preservada. Por otra parte, el desarrollo de las unidades de IC mediante la colaboración de la cardiología y la atención primaria para sistematizar el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento clínico de los pacientes con IC ha supuesto un gran avance en la mejora asistencial de la IC. En efecto, en estudios tanto observacionales como aleatorizados realizados en nuestro país se ha evidenciado que los pacientes que son atendidos en dichas unidades presentan un menor número de visitas al servicio de urgencias y un menor número de reingresos (entre el 35 y el 90%), un mayor cumplimiento terapéutico e incluso un aumento de la supervivencia. En estos datos tan positivos hay que contar con la aportación de los programas de educación de los pacientes con IC, que persiguen formar al paciente para la “autogestión” de su enfermedad en el día a día y en su medio habitual.

Investigación en beneficio del paciente

La investigación de la IC tiene actualmente dos focos de interés prioritarios. En primer lugar, identificar y caracterizar los mecanismos que subyacen al desarrollo de la denominada IC con fracción de eyección preservada. Se trata de una IC cuya prevalencia está aumentando, especialmente en las mujeres de edad avanzada, y cuyo tratamiento no es eficaz por no conocerse aún bien cómo se llega al fallo del funcionamiento del corazón. En segundo lugar, diferenciar con precisión a los pacientes con IC a partir del análisis de múltiples aspectos relacionados con su enfermedad, pero también con su biografía médica y su modo de vida, con el fin de establecer tratamientos personalizados que sean más eficaces y seguros para los propios pacientes, a la par que más sostenibles para el sistema sanitario. En ambos ámbitos se está investigando activamente en nuestro país a través del Centro de Investigación Biomédica en Red de las Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV) dependiente del Instituto de Salud Carlos III y en el que colaboran 40 grupos de investigación.

Es necesario que la sociedad en su conjunto asuma la relevancia sanitaria, social y económica de la IC, y del conjunto de las enfermedades cardiovasculares, como ha asumido la relevancia del cáncer o de las enfermedades neurodegenerativas. A título de ejemplos que sustentan dicha necesidad cabe mencionar que la mortalidad de la IC a los 5 años del diagnóstico es tan elevada como el de la mayoría de los tipos de cáncer, y que la presencia de IC incrementa significativamente el riesgo de padecer demencia y enfermedad de Alzheimer en las personas de edad avanzada. Por tanto, es preciso que la administración y los medios de información no sólo presten una atención especial a iniciativas y noticias relacionadas con el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas, sino también a lo que tiene que ver con la IC. Para ello contarán tanto con los profesionales sanitarios, como con las asociaciones de pacientes con IC que se han creado en España en los últimos años.

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